Entre las gotas que empañaban el cristal del coche, vio entre los charcos la sombra de esa chica. Quedó envuelto en un impactado silencio, no podía ser, era ella.
Bajó del coche, pisó el charco y onduló la figura de la chica. Aún subida en el escalón, sus miradas quedaron emparejadas, se miraron y una única frase salió de la boca del chico: "Cuántas veces habré intentado que jugaras conmigo"; ella miraba cada movimiento de sus labios, esperó a que terminara y respondió: sería lo menos probable, somos indivisibles.

No hay comentarios:
Publicar un comentario